sábado, 4 de abril de 2015

La soledad de los estancos


Todo apunta a que con el paso del tiempo, inconscientemente, estoy creándome un yo paralelo que a la vez es mi yo más personal y diferenciado.

Voy llenándole de contenido para satisfacer las distintas necesidades que me van saliendo a medida que vivo. Pero parece ser que se trata de un yo estanco que se nutre del exterior mediante una capa osmótica que filtra aquello de lo que tiene hambre y no deja sacar fuera el limo producto del cocinado interno.

Entre la carcasa que contiene mi yo y el mundo exterior se manifiesta mi forma biológica predeterminada y azarosa. Dispone de todas las características y herramientas de que se le ha dotado y está recubierto de una membrana hipersensorial con la que se relaciona con el mundo.

Esa masa celuloide se llama Víctor. Mi yo está condicionado por él y él es a la vez como yo quiero que sea. Pero ni él es yo ni yo soy él.

En el mundo existen multitud de víctores que suelen tener nombres diferentes y aspectos diferentes. Todos se relacionan entre sí mediante la capa sensorial que les engloba. Nadie nunca sabe qué y cómo es el recipiente que van llenando hasta que su estar-vivo colapsa.

Pocos conocen el suyo propio.

Algunos ni siquiera lo llenan de nada.

viernes, 27 de febrero de 2015

Rabia. Sexo. Embotamiento mental.

Rabia. Sexo. Embotamiento mental.
Migas en el colchón.
Botellas vacías rodando por el suelo.

Un miembro entumecido, me estiro y choco contra el ordenador. Lo aparto de un golpe y me hago daño. Y me clavo la maraña de cables que lo separan del enchufe. Y me levanto bruscamente, y me cago en su puta madre. Y lo desenchufo de la pared, y tiro los cables a tomar por culo, y el cojín del sofá. Y pongo el ordenador bajo la cama, eso ya con cierta suavidad.
Y ya de paso me levanto a mear, y cierro aún más las contraventanas antes de que amanezca. Y vuelvo a dormirme en mi lado hundido y calentito de siempre. Y ya no hay nada más allá de mí mismo que me incomode. Y ahora ya sólo me incomodo yo. Y me duele todo. En todas las posiciones. Y pienso:
Disocio emociones para guardarlas en compartimentos estancos por practicidad.
Si se me pone dura me busco un polvo. Si me ablando saco a mano recuerdos de otra época en la que aún no me había endurecido.
Si me aburro echo en falta relaciones de otro tiempo que ya no será más. Y me echo en cara no dedicar tiempo a cultivar unas nuevas. Pero es que normalmente no me apetece.
Acabo llegando a la conclusión de que no me sale a cuenta el esfuerzo de combatir la pereza social durante todo el año para unos pocos días de tiempo libre y apetencia de risas y cervezas. Así que abro la pestaña de elpaís.com y lo leo, y me entretengo a lo Winston Smith leyendo los mensajitos del Ministerio de la Verdad que le iban llegando. Y sigo con eldiarioes, y cuando lo gasto abro público. Y sí, a veces toca elmundo, qué le vamos a hacer, pero es que ya me la he pelado y ya me he comido un yogur con bífidus.

Y recuerdo cómo es eso de quedar con gente. Y quedo y mi yo se abstrae y hace chas y aparece a mi lado. Y me mira y me critica. Y se mofa de mí diciéndome que qué hago con el pavo ese. Y mientras yo emito sonidos articulados como lo haría un fonógrafo orgulloso de su automatismo, él sigue observando con una mueca de asco en la boca. Que qué hago con ese pavo sigue diciéndome. Y consigue que me dé asco (yo, el pavo ya me lo daba; no necesitaba de mecanismos mentales elevados para darme cuenta de eso). Pero yo trago con eso y con más cosas. Pobre de mí si no hubiera aprendido ya a estas alturas de la vida a tragar.
Y ahí sigo, hablando de lo independiente que parece el subnormal con el que estoy compartiendo la mesa en la terraza de un bar. Lo mayor que es que se puso a trabajar con dieciséis años y lleva en Barcelona ocho, y ha vivido en una decena de pisos ya de lo independiente y mayor que es. Y que claro, que ya que trabaja, pues si quiere dedicar la mitad de lo que gana a comprarse ropa, pues que por qué no habría de hacerlo. Que él se lo gana y él se lo gasta en lo que quiere. Lo que pasa es que a veces tiene que pedir dinero a su madre porque no le llega. Pero también es mayor por pedirle dinero a su madre. Que es como muy de niñato el orgullo ese ridículo de no pedir ayuda. Que él lo pasó muy mal en Canarias y que pidió ayuda y que mira dónde está ahora. Con una gran sonrisa me lo decía y una pierna encima de la otra haciéndola bailar rítmicamente mientras con un gesto de autosuficiencia, condescendencia y amaneramiento pedía otra clara a la china que regentaba el bar.
A mi yo que me veía desde arriba debieron entrarle ganas de mear porque de mi boca salieron esas palabras excusándome. Y me bebí de un trago lo que quedaba de mi cerveza y me metí dentro del bar. Y pagué a la china del bar y salí por la puerta opuesta a la terraza en dirección a la estación del Bicing.

Y ya ves, recargando unas veces la pestaña de mi cuenta del banco, otras la de monUB, otras la de elpais en busca de más noticias y otras la de los geolocalizadores de las aplicaciones de búsqueda de polvos, se me pasa el tiempo. Porque es como un equilibrio exquisito. Porque leer no puedo; también cual fonógrafo leo. Leo con mi voz mental la sucesión de palabras mientras mi yo se me vuelve a poner al lado a mirarme tirado en la cama. A veces me trae recuerdos, ya ves, para entretenerme (la mayoría del tiempo para torturarme). Y otras sólo me mira y me juzga silenciosamente. Pero en sus ojos leo todo lo que me dice calladamente.
Él es quien me proporciona la barra en la que me mido. Los valores también los pone él. Y el peso que ellos tienen en función de su trillada experiencia y subjetividad. Siempre acaban pesando aquellos que, por exceso o por defecto, tengo atrofiados.

Yo es que conmigo nunca gano. Siempre juego pero nunca gano. Y a veces a uno le dan ganas de mandarme a tomar por culo. ¡Cómo no me voy a dejar! ¡Pero si es que me doy pereza!

domingo, 11 de enero de 2015

De una encina pequeña que se llamaba Chaparro.

El dolor es producto de razón e instinto de supervivencia. Qué tristeza de repente.

Un arbolito que crece torcido porque su entorno no le permitió crecer bien. Y sigue creciendo porque no puede hacer otra cosa. Y cuando ya no hay nada que le impide crecer recto, la inercia de sus inicios puede más que su deseo, y tira de él haciendo que se escore.

Hunde profundas sus raíces donde nadie pueda verlas para sostenerse. Lo hace por la noche y muy despacito para evitar que sepan que quiere enderezarse, por si acaso no lo logra, poder aún decir que no lo hace porque no quiere.

Una noche empezó a molestar a los topillos de tan dentro en la tierra que avanzaba.
Se le pusieron en su contra.
Ejércitos de hormigas sacaron sus tropas hostigándole para que retrocediera.
Sin querer, había despertado a las alimañas nocturnas.
Las ratas de campo devoraban sus raíces blancas y las yemas tiernas apenas habían asomado.

El arbolito palidecía.
Empezaba a comprender que ya no podría tender más hacia la luz, acabaría derribado de tan torcido que se hallaba.
Contemplando el bosque a su alrededor no veía un sólo árbol en el que apoyarse para mantenerse en pie. Sólo una masa uniforme y monótona de verde desesperanza.

Pasaron largas estaciones por su corteza. Cada una de las cuales marchitó sus mejores hojas de modo que ya no tenía fuerzas para hacerse crecer más.
Se ahogaba poco a poco mientras miraba apesadumbrado el horizonte al atardecer.
Cuando apenas le quedaba ya nada dentro y era poco más que cuerpo inerte,
sombra y silueta en la hojarasca,
se dejó morir.
Y su morir duró mil años.
Y se derrumbó una noche carcomido por dentro.
Y no se oyó un ruido porque no hubo nadie allí que escuchara.
Y su tronco se pudre fundiéndose con lo demás.

El mundo a su alrededor se nutre de la tragedia.

Los pájaros azules ya no tienen dónde posarse.


lunes, 17 de noviembre de 2014

El viaje de ¿retorno? y primavera.

Camino de vuelta estoy; he ido al campo unos días. Todo apunta a que he conseguido perdonar a mis padres toda aquella culpa que legítimamente o no, les atribuía.
Estudio poco, por no decir nada, y mal; muy mal.

Tiempo convulso de Navidad he pasado. Y maltrato de vida he pasado.
He llorado. He sentido apatía de vivir e indiferencia por todos.
Me he endurecido a base de endulzar mi fachada.
Me creo ahora poseedor de existencia apacible. Circunstancial y finita como todo lo que vamos sintiendo a medida que nuestro corazón pulsiona y nuestros pulmones suspiran.

Oleadas de odio y malestar amenazan a veces con destruir mi playa; de finos sedimentos que han ido arrastrando los años se alimenta. Moldeada por lo mares de lágrimas que braman y arañan mis costas contempla el tiempo casi palpable.


Podría enumerar mis logros en una sucesión de nombres y descripciones:

Vivo solo en el centro de la ciudad.
Tengo trabajo fijo que me sustenta.
Estudio una carrera que me gusta.
Tengo amigos.
Tengo novio.

Y parecería idílico si me meciera en las aguas de los valores compartidos. Si hubiese ido a parar al cauce que me esperaba antes del mar.
En cambio sigo habitando en el arrollo serpenteante.
Inconstante es su caudal.
Por subidas y bajadas chapoteo.
Temeroso de perderme y estallar en llanto que riegue un campo yermo, me revuelvo y me hundo en aguas subterráneas.


Porque también podría decir que:

Vivo en una ciudad donde no deseo vivir.
La trivialidad de mi trabajo me desespera y llena de impotencia.
Me duele estudiar lo que estudio pero más me duele no hacerlo.
Tengo muchos conocidos con los que no he logrado pasar de una charla amena sobre lo cotidiano.
Tengo un novio al que aprecio pero no quiero.

Me asomo a la superficie a que el sol temple mis ánimos con miedo a que seque mi porvenir.
Por oscuros y tenebrosos valles me adentro. Infectos de criaturas perniciosas que me seducen cual sirenas y me hacen tropezar.
A enormes llanuras van a parar mis aguas. Inspiradoras de la más horrible soledad.
Monotonía en toda la amplitud del mundo. Sólo vienen insectos a revolotear.


Siento la vibración del tren.
Los túneles de sus vías podrían cambiar mi vertiente. Supuro por sus paredes curvas.
El trayecto de sus idas y venidas me molesta.
Me escurro por la pendiente hacia abajo.
¡No será este mi aquí! ¡No será este mi mar!


Llego a mi destino lleno de lugares donde abastecer mis vicios. Me espera un embotamiento mental autoinducido y una tos perpetua.

Llanuras, valles y barrancos he dejado atrás.
Grisáceos se tornan mis ahoras.
Un fundido negro acompañado de carcajadas me mantendrá frío en relaciones y periodo estival.
Una ciega desconexión para no sentir, no tocar; ni ver, ni oler, ni escuchar, todo aquello que se sucede a mi alrededor y de lo que no quiero participar.



jueves, 13 de noviembre de 2014

Conversaciones ajenas para mojar con el café.

«Se trata de una persona muy sensible; muy inteligente; y que, al mismo tiempo -quizá sea percepción personal mía desde fuera-, muy destructivo consigo mismo.

Pero a veces pienso -cuando hago memoria de las veces que he estado en Oporto y Lisboa- que se toman cantidades ingentes de alcohol y ansiolíticos, de manera que no sabía decir si son culturales o personales esos aspectos psicológicos de João.»

jueves, 30 de octubre de 2014

Nostalgia de vivir.

Nostalgia de vivir.



Para en el momento en que la nostalgia no te deje continuar.
Pues aun cuando se nos presenta como dulce bálsamo,
también pegajosa y traicionera se torna.

A medida que pasa el tiempo los recuerdos se apelotonan atrás.
Y parecen moverse buscando un lugar más cómodo;
parecen vibrar hasta asentarse.
Apenas si tenemos control sobre ellos;
quizá sólo cuando están frescos.

Se anquilosan y esperan.
Y se piensan y se maceran.
Y acaban fermentanto,
destilando un licor suave que los impregna por completo.
De manera que al reparar en ellos no puedes sino saborearlos.
¡Y ya lo creo si son suaves!
No hay más que ver cómo suavizan nuestras facciones.

También tienen la virtud de los licores fuertes; calientan el cuerpo.
Y cuando caemos en tal embargo, nos han dominado.
Quedamos a merced de ellos.
Y perdemos la actitud crítica con la que hicimos frente a paisajes y rostros.
Y los días más aciagos se vuelven portugueses.
Los envuelve un halo de encanto.
Luz trémula los ilumina,
melodías de piano los acompañan.
La tristeza se vuelve bella y las lágrimas dulces.

Parece que el dolor es sólo presente.
Que las sensaciones, dependiendo de su tipología, deciden dónde esperarnos
pues no pueden vivir en cualquier cuando.
La esperanza es futura, la nostalgia lejana y el dolor es ahora.

No nos queda sino disfrutar de este dolor que nos hace movernos y nos espolea a vivir.
¿Acaso acabaríamos echándolo de menos en caso de muerte?

Dolor como sustrato de vivir.
Dolor como medida de todas las cosas para esperar que cambien en otras.
O compararlas,
borrachos de nostalgia,
con todas las anteriores maldiciendo las ahoras.

lunes, 2 de junio de 2014

Nacionalismo económico/Nacionalismo cultural en Cataluña.

-Derecho a referéndum y autodeterminación: Sí. Democracia.

1. Partidarios de la independencia por razones económicas: CIU

Datos objetivos.

Argumentos en contra:

http://www.eldiario.es/alternativaseconomicas/saldo_fiscal-Catalunya_6_266733340.html

2. Partidarios por sentimiento de pertenencia a una comunidad con cultura propia: ERC

Datos subjetivos.

¿Por qué el deseo de un autogobierno? ¿Mejores condiciones de vida?

Los valores universales de la izquierda están completamente enfrentados con la idea de progreso sólo para unos pocos.
Históricamente se ha basado en la lucha de las clases bajas por conseguir la igualdad social y económica de la sociedad en detrimento de una élite rica.
Extrapolando la misma idea, no se puede sostener un "quiero el progreso para los míos y los que me rodean que somos iguales (catalanes) y diferentes al resto (españoles)". Sobre todo porque la cultura no nos hace diferentes en cuanto a lo esencial: lo humano.
Si aceptamos la premisa de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, deberíamos poder optar por igual a una mejor calidad de vida basada en instrumentos sociales igualitarios que la sustentaran.
De modo que según esa lógica deberíamos ponernos el objetivo de inclusión a gran escala de manera que fuéramos ampliando el paraguas asistencial de esa sociedad justa.

¿Mejores condiciones para el desarrollo personal que ahora son deficientes por unas políticas externas y represivas en cuanto a libertades?

¿No os gusta cómo nos gobiernan en Madrid? Cambiadlo votando.
¿No os sentís representados por los que gobiernan en Madrid? Cambiadlo votando.
¿No creéis en el actual sistema democrático? Cambiadlo. (Votando/Revolución)

En caso de que penséis que en Madrid no se decide nada y estamos gobernados por Bruselas y no os gusta cómo lo hacen, cambiadlo.

En caso de que penséis que la soberanía popular NO reside en unos representantes con legítimo o ilegítimo poder sino en el poder económico de UNA ÉLITE INMORALMENTE RICA (BCE, FMI, City de Londres)

¡CAMBIADLO!